MARCIANO DURRUTI Y EL ”ASUNTO HEDILLA”

MARCIANO DURRUTI Y EL ”ASUNTO HEDILLA”

Crucé algunos mensajes y opiniones con el inolvidable maestro y camarada José María García de Tuñón Aza. A propósito de ciertos trabajos en los que yo le citaba, recordábamos la detención y fusilamiento de Marciano Durruti, episodio muy relacionado con el llamado “asunto Hedilla” y la famosa Unificación. Transcribía, en El Catoblepas,  García de Tuñón algunos párrafos de la acusación que llevó a Marciano a ser ejecutado ante un pelotón: 

«En distintos folios sumariales aparece la tenaz actitud del procesado de provocar disgusto y desmoralizar las filas compactas de la retaguardia Nacional vertiendo y difundiendo ideas disolventes de irredento, y, concretamente, en la noche del cuatro del mes actual, en presencia de varias personas, en el domicilio de Lucio Mangas, alcalde de Armunia, decía que … había que trabajar y llevar a Falange a todos los individuos, lo mismo daba socialistas que comunistas y que el objeto era crear un partido fuerte para en su día adueñarse del Poder, que para ello contaba con la Guardia de Asalto y estaba preparando en Valladolid el personal designado para ocupar los cargos, que a toque de corneta se echarían a la calle todos los falangistas para llevar a cabo sus planes … Que había en el Ejército muchas estrellas y que el Ejército ya quería mangonear a Falange«.

La pena de muerte que no se ejecutó, por fortuna, con Manuel Hedilla (aunque las penalidades que hubo de sufrir éste por renunciar a ocupar un alto puesto en el partido franquista y renunciar a llevar una vida muelle, fueron terribles) si se llevó a cabo con Marciano Pedro Durruti, hermano del carismático dirigente anarquista Buenaventura Durruti, al que se le condena, principalmente, por estar supuestamente en la llamada “traición de Hedilla”.  Como relata Victoriano Crémer,  compañero de prisión de Durruti:

“…Y Pedro, anarco-falangista, fue llevado a uña de caballo loco por aquel tremendo don Alfonso,  Auditor Especial para los delitos, culpas y complicidades en el episodio que un tal Hedilla capitaneara en Salamanca…A aquel Pedro Durruti, bajo y fuerte como un legionario romano, de mirada insolente y penetrante, como todos los del clan, y palabra arrebatada, le mataron un domingo, para más Inri… El lunes fui sacado de mi inmunda celda de castigo y el Auditor me recibió con esta salutación:

-Ayer por la mañana fue pasado por las armas su compañero Durruti. A usted le puede ocurrir lo mismo en un plazo no mayor de veinticuatro horas. Díganos, pues, dónde, cómo y para qué mantenía relaciones con Durruti y con otras personas, entre las cuales se encuentran, un tal Martínez, policía; Cayo, de Valderas; Agustín Escudero, de Castrocalbón, jefe de Falange; Asas, ingeniero agrónomo; Serrano, jefe de milicias; Represa, médico y demás comprometidos en la traición de Hedilla.

          …Llegué a saber que un Vicente Cadenas, hijo de familia bien ilustre de la ciudad, había tomado las de Villadiego con todo y su cargo nada menos que de Jefe Nacional de Prensa y Propaganda, o por  eso precisamente; que  tampoco Fernando Vélez,  Jefe  Provincial  de  la Falange de la jurisdicción y figura bien afirmada en los anales del Movimiento, andaba exento de sospechas, siendo cuidadosamente vigilado, como todos, y que, salvo contactos casuales en razón de su militancia, ninguno de los implicados, ni siquiera el infeliz Pedro Durruti, sabía absolutamente nada del conflicto salmantino«.

Y es que, a ojos de las fuerzas derechistas, un antiguo cenetista “irredento”, que aún sostenía ideas radicales, y que creía que eran las mismas que sustentaba la Falange Española de las JONS, era un elemento disolvente en la retaguardia Nacional y había de ser eliminado. También el auto de procesamiento de Manuel Hedilla, segundo Jefe Nacional, venía redactado en términos similares a las acusaciones hechas a Durruti:    

 «Según se desprende de las manifestaciones del jefe provincial de Falange Española de las J.O.N.S. de Zamora, el día 8 de abril último con varios jefes locales de la expresada organización y que motivan el auto de procesamiento obrante en el folio 16, relacionados con otros elementos de juicio aportados a estos actos, aparece suficientemente destacado que por el mando  superior de F.E. de las J.O.N.S., y por el que entonces era su jefe nacional, don Manuel Hedilla Larrey, se quiso orientar la política de dicha organización en el sentido de desplazar del mando civil y del poder político de la España nacional a S. E. el Jefe del Estado y Generalísimo, Excmo. Sr. don Francisco Franco, encauzando para ello una propaganda negativa y de descrédito de su gestión y de su persona como caudillo y jefe supremo en aquellas órdenes, hasta obligarle a resignar los poderes que habrían de pasar a un adicto incondicional de la Falange«.

 Sin la jefatura de José Antonio, los falangistas eran valorados más como milicia combatiente que como opción política. Sin José Antonio, la revolución falangista desaparecía como opción. Con él muerto, la orfandad y desorientación se hicieron patentes. 

A la Falange que sobrevivió a la guerra se le plantearon distintas salidas: o bien, con espíritu de adivinación –y con la máxima lealtad a las ideas expuestas por el fundador y jefe–  intentar ser continuadores del proyecto joseantoniano original (opción hedillista, por más que el líder santanderino estuviera abierto a una negociación posibilista con Franco y con los carlistas); o  bien, entregarse a otros proyectos, como el “serranismo” de estética ultra-fascista, o como la Falange sometida a Franco de Arrese, que vinieron tras el Decreto de Unificación de 1937.

Patricio González de Canales nos cuenta, en un documento facilitado por Emilio Romero que: “Hedilla no se rebeló contra Franco, sino que desobedeció a las circunstancias de una coyuntura política –que personalmente le eran favorables– por ser fiel al mandato revolucionario que la Falange le había confiado, sin el cual entendíamos que la guerra carecía de sentido. Su obediencia a la Revolución Nacional-Sindicalista implicaba una desobediencia a la razón de Estado, que le obligó a enfrentarse con el destino….Hedilla, con un puñado de camaradas, no hace uso de la fuerza de que disponía –por amor a España– y acepta libre y voluntariamente su propio sacrificio, con el fin de salvar el futuro de la Revolución Nacional-Sindicalista, dejando a las juventudes españolas, cargadas de gloria, la bandera limpia de la Falange. Desde el 19 de abril de 1937, la responsabilidad política es particular de cada individuo, y no de la Falange como organización. …Hedilla evitó que la Falange se convirtiera en una Unión Patriótica, como reclamaba el ambiente de la retaguardia: rechazó la responsabilidad por la  represión, y  estableció  una silenciosa oposición política activa, evitando los tres graves riesgos que se corrían:

1º…que nadie pudiera tacharnos de la sombra más leve de deslealtad, o de segundas intenciones…

2º Intentar una revolución en una retaguardia montada para ganar la guerra, hubiera supuesto una guerra civil dentro de otra…

3º Una oposición desde el extranjero, o una negociación con una potencia extranjera, implicaba un repugnante delito de alta traición, totalmente incompatible con la Falange. Intentamos negociaciones a nivel de Partido que no tuvieron viabilidad posible…Italia y Alemania negaron la negociación a nivel de Partido, y decidieron apoyar a la Democracia Cristiana, porque les interesaba que España fuera un país políticamente débil, con vista a sus espacios vitales en el Mediterráneo, Gibraltar y África. A cambio, nos hicieron ofertas de protección diplomática y económica que rechazamos todos de plano, prefiriendo afrontar  a los Tribunales de guerra, conforme al ejemplo que nos dio Hedilla, el cual no quiso refugiarse en la Embajada alemana…” 

Maravilloso ejemplo de dignidad humana y de patriotismo auténtico. Nada que ver, desde luego, con las conductas indignas y miserables de los políticos actuales.

Evocando a Manuel Hedilla Larrey y  a cuantos dieron su vida por la autenticidad falangista. También  a tantos excelentes camaradas que ya no están, uno advierte cómo nos vamos quedando solos. Pero sabemos que el quedarse solo no es quedar derrotado; y que hay que seguir desbaratando embustes. Son muchos los reyes desnudos que pasean por escenarios diversos. Y no  hay que dejar de denunciarlo y proclamarlo.

José Ignacio Moreno Gómez

Un comentario en «MARCIANO DURRUTI Y EL ”ASUNTO HEDILLA”»

  1. No entiendo porque se perdió el liderazgo de Falange siendo una gran mayoría. Creo que querer reforzar fisicamente al ejército de Alemania fue un factor muy importante .

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