José Luis Rodriguez Zapatero, el «gran» expresidente del Gobierno socialista, el gran moralista de la izquierda española, el hombre que nos dio lecciones de ética durante años, aparece con una caja fuerte en su despacho de Ferraz repleta de decenas de joyas, collares, brazaletes y relojes de lujo. Su explicación: «herencia de mi madre y mi suegra». Claro, porque las abuelas de los socialistas siempre guardaban millones en joyas en cajas fuertes de sedes partidistas, ¿no?
Y hoy, mientras Sánchez está en el Vaticano haciéndose la foto de estadista, la UCO entra en Ferraz. Otra vez. Como si la sede socialista fuera la sucursal de una trama de financiación irregular, cloacas y favores. Ya no es una investigación puntual: es un goteo constante que demuestra que el PSOE lleva años convertido en una máquina de poder sin escrúpulos.

El escándalo alcanza otro nivel de gravedad cuando se habla de las comisiones del rescate de Plus Ultra. Según las investigaciones de la UDEF y el juez de la Audiencia Nacional, Zapatero habría utilizado su influencia para facilitar el rescate de 53 millones de euros a la aerolínea, a cambio de que su amigo Julio Martínez Martínez, alias “Julito”, cobrara presuntamente una comisión del 1% a través de su empresa Análisis Relevante. Parte de ese dinero habría acabado canalizado hacia las cuentas del propio Zapatero y, especialmente, hacia la agencia de sus hijas, Alba y Laura Rodríguez Espinosa (Whathefav), que triplicaron sus ingresos justo después del rescate mediante supuestas consultorías y servicios de marketing de dudosa justificación real. Así, padre e hijas se habrían beneficiado directamente de un entramado que presuntamente convirtió favores políticos en jugosas mordidas familiares.

¿Y la oposición? El PP sigue con su tibieza institucional de manual. Feijóo habla de «dar voz a los españoles» y poco más. ¿Dónde está la exigencia clara de responsabilidades? ¿Dónde está la oposición que este país necesita ante la putrefacción moral del partido que gobierna? Esta prudencia excesiva ya no es sensatez: es complicidad pasiva con el deterioro de las instituciones.
Zapatero no es un lobo solitario. Es el producto de una cultura de partido donde el fin (mantener el poder) justifica cualquier medio: rescates opacos, joyas inexplicables, fontaneros pagados con facturas falsas y una financiación que huele a podrido desde hace demasiado tiempo.

Pedro Sánchez, mientras tanto, sigue blindando a su mentor. «Todo mi apoyo». Normal. Porque si cae Zapatero, cae el relato completo del PSOE «decente» frente a la derecha «cavernaria». Y ese relato es lo único que les queda.
España merece algo mejor que este espectáculo lamentable: un expresidente con caja fuerte de joyero, un partido con la policía entrando en su sede como si fuera rutina y una oposición que todavía no ha entendido la gravedad del momento.
Basta ya. La podredumbre no se combate con comunicados tibios. Se combate con verdad, exigencia y, si hace falta, con contundencia democrática.
El PSOE lleva demasiado tiempo creyendo que España es su cortijo. Hoy, más que nunca, se ve que el cortijo tiene goteras… y muchas joyas escondidas.
Cristina Pérez

Noticia desalentadora.
El mejor comentario es que el tal ZP era fan de la Galería del Coleccionista.