Diplomacia con coraje

El diplomático Juan Pablo de Lojendio frente a Fidel Castro en la televisión cubana.

El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, ha logrado esquivar, por ahora, otro revés diplomático en este caluroso final de julio de 2025. Mientras temas de peso como la negociación y acuerdo sobre aranceles entre la UE y EE. UU., no parece hayan contado con su decisiva participación, y la Asociación de Diplomáticos Españoles le acusa de «discrecionalidad y falta de transparencia» en sus nombramientos, el ministro ha preferido volcar su energía en una cruzada personal: convertir el catalán, el gallego y el euskera en lenguas oficiales de la Unión Europea. Pero, una vez más, y por acuerdo unánime de los Veintisiete, el pasado 18 de julio, le han vuelto a decir que no. Tocará seguir esperando… o buscar otra campana.

El Sr. Albares nació en 1972. Seguramente en sus estudios de la Escuala Diplomática no pudo asistir a la clase donde se instruía sobre la actitud de un representante diplomático español.

En la madrugada del 20 de enero de 1960 tuvo lugar uno de los incidentes diplomáticos más insólitos y valientes de la historia de la representación española en el extranjero. En un momento de gran tensión entre los gobiernos de España y Cuba, el diplomático español en La Habana, Juan Pablo de Lojendio e Irure, marqués de Vellisca (San Sebastián, 17 mayo 1906-Madrid, 13 diciembre1973), tomó la inusual decisión de intervenir en directo en un programa de la televisión estatal cubana para defender el honor de su país y del régimen que representaba. Dada la situación en Cuba, el cargo de Lojendio era ministro plenipotenciario de 1.ª Clase. El hecho ocurrió en los estudios del canal CMQ Televisión, ubicados en el barrio del Vedado, en La Habana, a escasa distancia del Malecón. Durante una alocución televisada, en el programa “Telemundo” del Canal 2, el primer ministro cubano Fidel Castro Ruz (Birán, 13 agosto 1926-La Habana, 25 noviembre 2016), acusó directamente a la embajada española de apoyar, en colaboración con la estadounidense, actividades subversivas contrarrevolucionarias. El diplomático, que se encontraba en su residencia oficial, encendió la radio, escuchó los comentarios y, sin dudarlo, tomó su automóvil y se dirigió personalmente a las instalaciones de la televisión cubana.

A las 00:38 horas, Lojendio irrumpió en el estudio mientras Fidel Castro aún hablaba ante las cámaras, junto al líder cubano se hallaba el Presidente de la República Oswaldo Orticós y de altas jerarquías del gobierno, prensa y un público escogido. Se dirigió directamente al líder cubano, exigiendo el derecho a réplica y denunciando las injurias vertidas contra España. La emisión fue interrumpida durante aproximadamente siete minutos.  Castro, sorprendido, preguntó si el diplomático había consultado con el jefe de su gobierno: “¿Tiene usted autorización del jefe del Gobierno de España para interrumpir un programa de televisión en un país extranjero?”, a lo que Lojendio replicó sin vacilar: “No necesito permiso para defender el honor de mi país cuando está siendo atacado públicamente.”


Durante su intervención, Fidel Castro acusó a la embajada española de colaborar con elementos enemigos de la revolución: “¿Qué hace la embajada española apoyando a contrarrevolucionarios?”, espetó. Lojendio respondió con firmeza: “¡Usted ha injuriado a mi patria y no puedo quedarme callado!”, dirigiéndose directamente al líder cubano ante las cámaras. Esta protesta además buscaba evitar males mayores a los españoles residentes en Cuba que pudieran verse represaliados por los revolucionarios.
El diplomático español Juan Pablo de Lojendio fue oficialmente declarado persona non grata y expulsado del territorio cubano el mismo día 20 de enero de 1960. Tuvo que abandonar la isla en menos de 24 horas, el 22 de enero, embarcando en un vuelo de Iberia con destino a Madrid. El Gobierno español no rompió relaciones diplomáticas, pero protestó enérgicamente por la humillación sufrida por su representante.

En 1961, se designó a Lojendio como miembro de la embajada española en Berna: en 1967, alcanzó la categoría de embajador y fue nombrado embajador en Italia en 1969. Se le destinó finalmente (1972) para la representación de España ante la Santa Sede, cargo en el que falleció.

Este gesto valeroso contrasta con la actitud de buena parte de la diplomacia española contemporánea, caracterizada por la complacencia y la tibieza. Mientras que España mantuvo, incluso en los años más tensos del régimen castrista, una línea aérea directa entre Santiago de Cuba y Madrid operada por Iberia, desafiando el embargo y la dura posición de aislamiento de EE. UU., hoy los representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores en 2025, encabezados por José Manuel Albares, asumen posiciones de extrema debilidad. Recordemos como declaró con orgullo que “había caído el último Muro de Europa”, refiriéndose a la verja de Gibraltar —construida en 1918-1919 por el Reino Unido—, olvidando que el verdadero último muro de Europa fue el de Berlín, donde se asesinaba a quienes intentaban escapar.

Más desconcertante aún resulta el hecho de que el propio presidente del Gobierno de España, en el año 2025, haga referencia a documentos diplomáticos en inglés durante ruedas de prensa oficiales en España, destacando palabras en dicho idioma y pidiendo su traducción, en lugar de reivindicar el uso del español —una lengua milenaria, herencia de siglos de cultura— hablada por más de 600 millones de personas en todo el mundo.  Esta subordinación lingüística simboliza una falta de respeto no solo a la soberanía idiomática nacional, sino a todo el legado histórico y cultural de la hispanidad.


Alfonso Bernad

2 comentarios en «Diplomacia con coraje»

  1. Me ha gustado mucho el articulo, representa y explica a la perfección quien era el gran albares, este embajador si que tenia un par de narices, gracias por este gran articulo

  2. Excelente poder conocer una pincelada de la vida de este gran diplomático en el que podemos darnos cuenta del por qué hasta ahora es gratamente recordado.

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