Boicot a Gullo

El reconocido hispanista ha sufrido un boicot intolerante. Ayer, 3 de noviembre de 2025, la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona se convirtió en escenario de un boicot violento y descarado contra el historiador argentino Marcelo Gullo, quien participaba en una conferencia organizada por la asociación S’ha Acabat para presentar su libro «Lepanto: Cuando España salvó a Europa». Un grupo de radicales independentistas irrumpió en el aula con gritos, golpes y hasta un candado para bloquear el acceso, impidiendo que el ponente pudiera desarrollar su disertación sobre la relevancia histórica de la batalla de Lepanto. Videos difundidos en redes sociales capturan la provocación de estos  manifestantes coreando consignas y alterando el orden, mientras los asistentes legítimos, defensores de un debate abierto, eran silenciados por la fuerza. Este no fue un mero desacuerdo ideológico, sino un intento deliberado de censurar ideas que cuestionan narrativas separatistas, recordándonos cómo la intolerancia se disfraza de activismo en los recintos académicos.

Lo más alarmante de este episodio es cómo este boicot representa un directo ataque al derecho constitucional a la libertad de expresión, consagrado en el artículo 20 de la Constitución Española, que protege el derecho de todos a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones mediante cualquier medio. Marcelo Gullo, un intelectual reconocido por su defensa de la hispanidad y su crítica a los procesos de desmembración cultural, fue blanco de esta agresión no por incitar a la violencia, sino por invitar a una reflexión histórica que incomoda a ciertos sectores. En un país que ha sufrido la dictadura del silencio, permitir que grupos minoritarios impongan su veto mediante el caos equivale a vulnerar el núcleo mismo de la democracia: el pluralismo. Si no defendemos el derecho de Gullo a hablar, ¿quién garantizará el nuestro mañana? Este incidente no es aislado; es parte de una estrategia más amplia para acallar voces disidentes, erosionando los pilares de una sociedad abierta.

Ante esta afrenta, la pasividad de la Universidad de Barcelona resulta no solo decepcionante, sino cómplice. La institución, que debería ser baluarte de la libertad académica, permitió el acceso de los violentos al aula y no intervino con la firmeza requerida para restablecer el orden, según denuncian los organizadores del evento. ¿Dónde estaba la seguridad universitaria? ¿Por qué no se activaron protocolos para proteger el debate en lugar de mirar para otro lado? Esta inacción envía un mensaje devastador: en las aulas catalanas, la ideología independentista goza de un salvoconducto implícito, mientras que el pensamiento crítico es expulsado a patadas. Exigimos que la universidad asuma su responsabilidad, investigue los hechos y promueva un código ético que priorice el diálogo sobre el garrote. Solo así recuperaremos el alma de la academia: un espacio donde las ideas se combatan con argumentos, no con candados. ¡Basta de censura disfrazada de protesta! Es hora de que la sociedad civil alce la voz y reclame el derecho inalienable a pensar en libertad.

Cristina Pérez González

Un comentario en «Boicot a Gullo»

  1. El hispanista Marcelo Gullo da en el clavo en el problema de Europa y de España, cuando y como se va a reaccionar esa es la incógnita.

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