“Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos”. José Antonio Primo de Rivera. Puntos fundacionales de la Falange (VIII).
Leemos y escuchamos con frecuencia el término espiritualidad y pocas veces referido al verdadero sentido original. En su amplitud apela a la condición específica del ser humano, que lo diferencia del resto de seres. Se trata de la condición que apunta a la singularidad del hombre que, como dimensión, refiere su humana especificidad. Referido a la persona, se trata de la disposición moral, psicológica y cultural por la que desarrolla sus características (ética).
La definición resulta compleja porque generalmente hemos asociado el término a las creencias. Y es cierto que, como dice José Antonio en el capítulo octavo antes mencionado, : “El aspecto preeminente de la espiritualidad es lo religioso”. Y así sucede. La confesionalidad expresa la religación o pertenencia a una confesión, secta o corriente religiosa a partir de una creencia (teísmo), aunque reconocemos la existencia de movimientos y tradiciones espirituales no religiosas (ateísmo).
El Círculo
Nuestro interés está orientado a la espiritualidad cristiana, desde la inspiración que el fundador de Falange Española expresó en su religiosidad manifiesta. Su obra incide además en una fe activa, afín a la proactividad que manifestó en toda su vida pública. Es precisamente su obra y su pensamiento los que nos inspiran para dar forma a un proyecto humanista centrado en la persona, respetuoso y sensible a las necesidades de la persona.
Nuestra actividad no excluirá a nadie por su ideología, pero no renunciará a su origen inspirador y a su divulgación, precisamente porque él defendió siempre la libertad religiosa. Tolerancia aplicada y exigida a todos para que nunca más un solo hombre sea perseguido por sus creencias. La verdadera condición del cristiano es el servicio.
José Antonio basó su fe en el servicio a España y a sus hermanos, desde una vocación humanista y humanitaria largamente expresada durante su carrera política. Una fe auténtica y ortodoxa, más allá de interpretaciones fanáticas excluyentes, sensible al sufrimiento del otro. Criticó igualmente el clericalismo como la beatería. No calló ante injusticias y siempre se rebeló ante una sociedad que mira a otro lado. Y si la justicia social fue uno de sus principales preceptos, su memoria nos invita ahora a salir al encuentro del otro y acompañar su dolor, su necesidad, su sufrimiento.
Desde el plano espiritual entendemos que el fin del acompañamiento consiste en detectar las necesidades e intentar caminar con la persona en la satisfacción de estas. Se trata de intentar eliminar el sufrimiento innecesario, luchar contra el sufrimiento injusto y evitable, mitigar en lo posible el sufrimiento inevitable, asumir el sufrimiento que no se puede superar, en actitud sana. Desde la opción de Cristo, nuestros días están repletos de oportunidades para mostrarle a Él como modelo. Porque me siento amado te amo y te sirvo, hermano. Sería una buena frase para interiorizar, cada vez que nos encontramos con una circunstancia que afecta también a otros.
Jesús no suprimió del mundo ni el sufrimiento ni la muerte, que él había venido a reducir a la impotencia (heb 2,14); no lo suprimió, pero se dedicó a consolar a quienes encontraba a su paso y a afirmar la fuerza del consuelo (Mt 5,5). Dejó bien claro que no tiene por qué existir necesariamente un nexo causal entre el pecado y la desgracia ( Lc 13, 1-5).
El hombre y su fe
No sería posible documentar sintéticamente todo el pensamiento filosófico y teológico de José Antonio, porque la documentación editada y publicada es extensa y este espacio breve. Sin embargo sí podemos concretar el enfoque central de su mirada desde la reflexión, a la que siempre recurrió, aunque no siempre a su tiempo- como él reconoce- , por su corta vida y el ritmo de la misma. Parece que encontró conveniente en parte el pensamiento de Ortega y Gasset. También se interesó por Unamuno, aunque hoy podemos afirmar que su pensamiento no entronca focalmente con el perspectivismo orteguiano ni con el pesimismo existencial del insigne profesor vasco.
José Antonio tiene claro que Dios no es una idea y expresa su espiritualidad desde una trascendencia muy masticada, con la persona como centro. Su reflexión religiosa está muy cerca del tomismo. Personalmente entiendo una cercanía al humanismo cristiano y especialmente al personalismo que Kant y Kirekegaard apuntaron y que en siglo veinte consolidaron Maritain y Mounier: “la idea completa del hombre no puede ser sino una idea filosófica y religiosa. Filosófica porque tiene por objeto la naturaleza o esencia del hombre; y religiosa debido al estado existencial de la naturaleza humana con relación a Dios. El hombre es una persona que se gobierna a sí misma por su inteligencia y su voluntad; no existe simplemente como ser físico. Posee en sí una existencia más rica y noble, la sobre existencia espiritual propia del conocimiento y del amor».
César Cid. Diácono. Consejero de Espiritualidad al final de la vida y Duelo.
