La huelga indefinida de los docentes en Asturias, iniciada el 2 de junio de 2025, no es un capricho ni una maniobra política, sino una lucha legítima por la dignidad de la educación pública. Los profesores, respaldados por sindicatos como ANPE, CCOO, UGT, SUATEA y CSIF exigen equiparación salarial con otras comunidades, reducción de ratios en las aulas, más recursos para la atención a la diversidad y una disminución de la carga burocrática. Estas demandas no son nuevas; son reivindicaciones históricas que reflejan el hartazgo de un colectivo que sostiene un pilar fundamental de nuestra sociedad: la educación de calidad para todos.

No podemos reducir el asunto a un enfrentamiento entre docentes y políticos, ni de una batalla partidista. La educación pública trasciende las agendas políticas y los intereses de corto plazo. Es un derecho esencial que garantiza la igualdad de oportunidades, la formación de ciudadanos críticos y el desarrollo de una sociedad más justa. Los docentes asturianos no piden privilegios, sino condiciones dignas para ejercer su labor: salarios justos que reconozcan su valor, plantillas suficientes para atender a un alumnado diverso y tiempo para dedicarse a lo que realmente importa, enseñar, en lugar de ahogarse en trámites administrativos.
La movilización masiva, con una manifestación histórica el 1 de junio de 2025 en Oviedo, demostró el apoyo no solo de los profesores, sino también de familias y estudiantes. Según los sindicatos, 30.000 personas salieron a las calles, un clamor que evidencia que la sociedad asturiana valora su educación pública. Ignorar estas demandas es ignorar el futuro de nuestros niños y jóvenes. La Consejería de Educación ha propuesto medidas, como un complemento de 58 euros al mes o la contratación de 78 especialistas, pero los docentes las consideran insuficientes, y con razón: no abordan de raíz los problemas estructurales del sistema.

Apoyar a los docentes en esta huelga indefinida es defender la educación pública como un bien común. No podemos permitir que se deteriore por la falta de inversión o la indiferencia. La lucha de los profesores asturianos es la lucha de todos: por aulas menos masificadas, por una atención real a las necesidades educativas especiales y por un reconocimiento económico y profesional justo. La educación no es un juego político; es el cimiento de nuestro presente y futuro. ¡Todos a una con los docentes de Asturias!
Cristina Pérez González
