Siempre he creído que no se puede hablar de un movimiento ideológico si no lo circunscribes dentro de un contexto histórico, por eso, para hablar de las diferencias entre Fascismo y Nacional Sindicalismo es imprescindible recordar un poco de Historia.
Empecemos analizando los orígenes de ambas ideologías: el Fascismo es creado por Benito Mussolini, proveniente del Partido Socialista Italiano al que se había incorporado en 1900, al que también perteneció padre. En 1914 fue expulsado por su radicalismo y unos años después, en 1921, fundó el Partido Nacional Fascista (PNF). El 28 de octubre de 1922 organizó la “Marcha sobre Roma” de sus “camisas negras” en supuesto apoyo al rey Víctor Manuel III, frente al avance de la revolución socialista. Cuando el Eje comienza a descomponerse, tras la invasión de Sicilia por el ejército aliado, el Gran Consejo Fascista lo destituye, por lo que funda (18-09-43), con los restos que aún mantenía fieles, el Partido Fascista Republicano (PFR), para gobernar el norte de Italia, lo que sería conocido como la “República de Salo”. El 28 de Abril de 1945 fue fusilado y su cadáver ultrajado, por el mismo pueblo que poco antes lo acababa.
En paralelo histórico, en España, en un primer intento de salvar la monarquía de Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera, el 13 de septiembre de 1923 da un golpe de estado (recordemos que la Marcha sobre Roma había sido once meses antes), gobernando hasta el 28 de enero de 1930. Con ello se pretendía evitar la revolución socialista, que se había intensificado entre 1918 y 1920, en lo que se conoce trienio bolchevique. Unos pocos meses después de la dimisión del general, el rey abandonaría España por Cartagena, dando comienzo a la República.
De ahí que los monárquicos residuales apoyaran movimientos emergentes, con la intención de crear un partido fascista a la italiana que recuperara a su rey.

Por eso es evidente que tanto el grupo de “La Conquista del Estado” de Ramiro, como las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH) de Onésimo, que posteriormente se fusionaron en JONS, como el grupo que en paralelo promueve José Antonio Primo de Rivera, el Movimiento Español Sindicalista (MES), que tras el discurso del Teatro de la Comedia del 29 de octubre de 1933 acabó convirtiéndose en Falange Española (FE), fueran apoyados y financiados por las fuerza monárquicas y reaccionarias que buscaban con ahínco ese líder carismático fascista para obtener los resultados que se habían conseguido en Italia.
Ese es el posicionamiento histórico por el que se presupone que la Falange y las JONS son fascistas. Ese y la financiación de estas organizaciones, primero por los alfonsinos y después directamente de Mussolini, como se cita en algún texto, a través de la embajada en París. Es evidente que a la Falange, el ser contemporánea con los movimientos fascistas europeos le ha perjudicado más que beneficiado.
Por eso, tras analizar la Historia que justificaría de alguna manera la idea de tener bases comunes, es necesario ir directamente a la comparación de ideologías y a las afirmaciones hechas directamente por ambos fundadores.
Voy a empezar a diferenciar con una pregunta: “¿Dónde radicaba la principal diferencia entre los movimientos fascistas?», dando una respuesta que los mismos fascistas no niegan: «Para unos, como el modelo italiano, todo estaba supeditado al Estado, para otros, como la Falange, era al revés, era el Estado quién estaba al servicio de la comunidad Nacional”.
¿Alguien puede opinar que es pequeña la diferencia? ¿No podemos sospechar que son principios antagónicos para ser considerados movimientos con una misma base?
Cuando se comparan las churras con las merinas, al menos las dos son ovejas, mamíferos de cuatro patas, tienen lana y balan, pero no se mantiene la comparativa cuando se realiza la misma con el lobo, que también es mamífero con cuatro patas, pero su pelo no es lanoso, aúlla en vez de balar y se come a las ovejas.
Pero esa diferencia sobre el modelo de Estado no es la única; existe otra aún mayor: el concepto materialista. El fascismo, como el marxismo de donde procede, es materialista, rechaza la naturaleza espiritual del hombre. Para la Falange el hombre es el ser principal de la Creación, “portador de valores eternos”, ser dual y trascendente, compuesto de un cuerpo mortal y de un alma eterna.
Frente al materialismo, humanismo.
El hombre nace en el seno de una familia, crea los clanes, las ciudades-estado, las naciones, los imperios… pero siempre es una agrupación libre de hombres que se conjuntan para obtener un mismo fin común, repito, el hombre se une a otros hombres para crear una sociedad que beneficie a todos, cada uno aportando su esfuerzo, su trabajo y su conocimiento, para que esa sociedad se enriquezca (espiritual y materialmente).
Por eso decimos que creemos en una sociedad de hombres libres.
Nunca podremos admitir una sociedad a la inversa, donde un ente superior, llamémosle Estado, creado en definitiva por el hombre, acabe fagocitándole, anulándole y dictándole lo que debe hacer.
El Estado debe estar al servicio del hombre no el hombre al servicio del Estado, porque al final, ese Estado estará supeditado a los hombres que se hayan constituido en sus dirigentes.
Aquí entraría un análisis sintáctico de una palabra. “totalitario”. El fascismo la usa para definir el control total de esa sociedad, totalitaria, sobre los hombres. Para el Nacional Sindicalismo es la agrupación total y única (totalitaria) de los hombres que componen esa sociedad.
En el sistema económico que Falange propugna, la plusvalía, los medios de producción deben de estar en manos de los trabajadores, “agrupados en un gigantesco sindicato de producción”, mientras que, en el fascismo, esa plusvalía revierte en el Estado, quién decide cómo y quién debe utilizar los medios productivos.
En el fascismo la economía sirve al dios estado, mientras que, para la Falange, la economía se pone al servicio de la persona, del trabajador.
Como no pretendo dar más que unas pinceladas, tan sólo recordar, para el que le interese, se lea la Carta del Lavoro que el 21 de abril aprobó el Gran Consejo Fascista para reformar la economía italiana; su base económica es el corporativismo, tan sólo recordar lo que dijo José Antonio al respecto.
Creemos que el Estado es una herramienta al servicio del hombre, herramienta imprescindible y necesaria para conseguir una sociedad mejor, pero no es un fin en sí mismo. Nuestro Estado está basado en las tres unidades básicas de convivencia: familia, municipio y sindicato, por lo tanto, en esa misma base se conforma el Estado, de manera piramidal cuya base amplia es la que decide y traslada su voluntad. Por el contrario, en el Estado fascista, es una élite minoritaria, quién asume el poder y dicta y decide los caminos a seguir por el resto de la sociedad.
La sociedad nacional sindicalista está basada en la soberanía del hombre que dicta su voluntad de abajo hacia arriba, en la fascista la voluntad se manifiesta de una manera férrea de arriba hacia abajo.
Por supuesto que nuestra fórmula no es el Estado liberal partitocrático, como el actual, donde las decisiones se toman desde un elemento antinatural como son los partidos políticos, allí deciden los que se han hecho con riendas de esos partidos, en beneficio propio. Un sistema que es corrupto desde su misma naturaleza. Máxime en la sociedad actual donde ya no existen las ideologías, sino las corrientes sectoriales (woke, feminismo, lgtbi, nacionalismos, etc), dónde lo que interesa es en qué nos diferenciamos para crear enfrentamientos interesados, no en fomentar en qué coincidimos para mejorar. Una sociedad enfrentada e inculta es más fácil de manipular que una sociedad unida y sabia.
Para ir terminando este análisis, invito al que le interese que lea, sólo leyendo se puede tener un claro conocimiento de la verdad.
Como manual de pensamiento fascista es evidente que el libro «El espíritu de la Revolución Fascista», que recoge los discursos de Mussolini, puede ser un buen punto de partida. Allí se puede ver claramente la posición del Duce al respecto de la sociedad en dónde los hombres se asocien libremente, manifestando su opinión al respecto y sin ningún lugar a dudas dicta que: “debe relegarse al limbo de las utopías”, “sólo los anarquistas piensan que la sociedad humana tan torva, tan opaca, tan egoísta, pueda vivir en estado de absoluta libertad”, “la libertad no es un fin: es un medio; y como medio debe ser controlado y dominado”. Similar a la frase de su coetáneo, Lenin:” Libertad ¿para qué? Si hacemos comparativas, ¿DE QUIÉN ESTÁ MÁS CERCA?
En cuanto a la economía, como dije antes, Mussolini defiende un sistema de producción capitalista, siempre y cuando éste se encuentre supeditado y dominado directamente por el Estado, sosteniendo, al igual que el socialismo de donde procede, que el capitalismo se encuentra finalizado y sin futuro, pero matiza que:
” Capital y trabajo no son dos términos antagónicos, sino complementarios; ninguno puede prescindir del otro, por lo tanto, deben entenderse y es posible que se entiendan”. Es lo denominado corporativismo. Vuelvo a insistir en recordar lo que José Antonio dijo al respecto: “Armonizar el capital con el trabajo… que es como si yo dijera: me voy a armonizar con esta silla.”
Intento con esto explicar mi manera de interpretar ambas concepciones políticas, sin desmerecer a nadie, sólo explicar sus ámbitos distintos.
Alguien me puede sacar textos que me contradigan, me pueden recordar como muchos falangistas se aliaron con sistemas europeos en auge en aquellos momentos, claro, me pueden repetir por enésima vez, quién financiaba aquella precaria organización.
Pero yo insisto, intento aclarar lo que yo identifico como pensamiento, no pretendiendo más que explicar cuál es mi creencia, lo que yo considero, siento y pienso.
Puedo, cómo no, estar equivocado, no seré yo quien arroje la primera piedra contra nadie.
José Antonio Gordón Dorado
