LA DEMOCRACIA COMO ESPEJO

LA DEMOCRACIA COMO ESPEJO

Cuando uno vuelve la vista atrás en el tiempo y en la Historia, y no voy a hacerlo más allá de la muerte de Franco, se acumulan en la memoria y estallan en el corazón una serie de sentimientos encontrados que llegan a causarte dolor.

El panorama del que voy a escribir es el del pasado reciente de España. Un panorama que entonces nos parecía a muchos españoles que pudiera existir. En esa panorámica o película, la protagonista es la política; palabra de la que se han hecho muchas definiciones, pero de las que hay una que parece encerrar la clave: «el arte de lo posible», aunque a veces también se la ha denominado «el arte de lo imposible», que dice tanto y más que la otra.

El juego, pues, está entre lo posible y lo imposible. Algo así como un acertijo, enigma o adivinanza. Todo ello lo explica, naturalmente, la conducta del hombre y sus circunstancias, que vino a decir el maestro Ortega y Gasset.

Después de Franco, hay que hablar de democracia, que para muchos españoles, aunque no para algunos más avisados, parecía la solución de todos los problemas de nuestra nación, que no eran tantos ni tan agudos ya que España era, al morir el dictador, la octava o novena potencia industrial del mundo. Por tanto, el problema era más de libertad que de economía y era para aquella para la que se necesitaba la democracia. Con esa palabra, libertad, se llenaba la boca y los discursos de toda aquella avalancha de políticos que aparecieron como por ensalmo después de la dictadura. Después supimos —algunos ya lo sospechamos entonces— que para muchos de ellos la proclama de la libertad era el telón con el que cubrían sus ambiciones personales. Como hemos visto después, no nos equivocamos entonces.

Los cuarenta años de la denominada democracia han sido un espejo donde se han reflejado las conductas de un montón de hombres y mujeres cuyos hechos la han engrandecido o, por el contrario, la han arrastrado por los suelos. El espectáculo está a la vista.

España, aquella España cuya Historia se cuenta por milenios desde su gestación, es hoy una nación desgarrada por los separatismos, desnortada por falta de liderazgo, desacreditada por las indignas conductas de los que la gobiernan, desconocida para una parte de su pueblo al que se ha negado el conocimiento de su propia Historia, cuando no tergiversada por sus semianalfabetos dirigentes, desacreditada ante el mundo, arruinada en su prestigio…

Por este tipo de democracia es para la que José Antonio dijo aquello de que «el mejor destino de las urnas es romperse».

Por mi parte, me pregunto en el presente si queda un hilo de esperanza. A esta pregunta siempre me respondo poniendo esa esperanza en el inmortal «genio español».

Pedro Conde Soladana

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