En memoria de nuestro camarada Joaquín Barquero Moreno.
Se fue en silencio, sin hacer ruido, como era su forma de ser. Sin poder despedirse de los camaradas que tanto apreciaba y con los que compartió tantas horas de lucha y de esperanza. Llevábamos varias semanas sin saber nada de él. Al principio no le dimos mayor importancia: pensamos que estaría disfrutando de unos merecidos días de vacaciones, o que se trataba de algún problema técnico con el teléfono, el ordenador o la conexión. Pero el tiempo pasaba, las llamadas quedaban sin respuesta, no se conectaba a ningún sitio, y esa ausencia empezó a pesarnos en el alma. Poco a poco la preocupación se convirtió en inquietud y luego en un temor que ya nadie se atrevía a expresar en voz alta.Hasta que llegó la dolorosa confirmación: encontré la esquela con su nombre , fría y definitiva.


Joaquín se nos ha ido físicamente, pero su memoria y su ejemplo permanecen entre nosotros con más fuerza que nunca. Fue un hombre de ideas firmes y corazón limpio, un falangista auténtico, de los que ya quedan pocos. Sentía una profunda admiración por Narciso Perales, al que mencionaba con respeto y devoción sincera. Una de sus frases favoritas, que repetía con convicción serena, era aquella que definía tan bien su forma de entender la militancia: “Las formas están perdidas, pero las ideas no”.

Joaquín fue, sin duda, de los últimos almogávares: de esos hombres callados, constantes y leales que siguen caminando por la senda aunque el camino esté casi desierto, que guardan la llama en medio de la tormenta y que no abandonan el puesto aunque el mundo parezca derrumbarse a su alrededor.
Hoy, con el corazón encogido pero lleno de orgullo por haberle tenido como camarada, decimos:
¡Presente, Joaquín Barquero!
¡Presente!

La muerte no es el final. Las ideas permanecen. Y mientras quede uno solo dispuesto a defenderlas, tu memoria seguirá viva y tu ejemplo nos marcará el camino. Tú, que fuiste de los últimos almogávares de esta larga marcha, ahora te incorporas a la guardia eterna en los luceros. Desde allí arriba, camarada, vigilas junto a los que se fueron antes. Desde esa luz alta e inextinguible miras hacia nosotros, nos das fuerza en los momentos de flaqueza y nos recuerdas que la lucha no termina con el último aliento.


Que tu espíritu, ahora libre y sereno, repose en la paz que tanto mereces, pero que nunca deje de inspirarnos. Porque los que como tú guardaron la fe hasta el final no mueren del todo: se convierten en luceros que iluminan la noche oscura de la Patria. Desde esa guardia celestial, Joaquín, acompáñanos, guíanos y danos el coraje para seguir adelante con la misma lealtad y la misma dignidad con la que tú viviste.
Descansa en paz, querido camarada.
Tu silencio ahora es más elocuente que muchas palabras.
Tu ausencia duele, pero tu legado nos obliga a continuar.
Cristina Pérez

JOAQUÍN BARQUERO
¡PRESENTE!