El pasado lunes, mientras España seguía lidiando con sus problemas de siempre —desempleo juvenil por las nubes, precios que no paran de subir y una sensación general de que todo va de mal en peor—, nuestro querido presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decidió regalarnos una perla para la posteridad. En medio de una comparecencia para hablar de la crisis política y el escándalo de corrupción que salpica a su partido, soltó, con esa mezcla de drama y desapego que tan bien le sale: “Son las cinco y no he comido”. ¡Bravo, presidente! Nada como un toque de humanidad para conectar con un país donde miles de personas no es que no hayan comido a las cinco, sino que no saben si comerán algo decente en todo el día.
No se puede negar que Sánchez tiene un talento innato para el espectáculo. Mientras el PSOE se tambalea bajo el peso de un informe de la UCO que destapa presuntas tramas de financiación ilegal y favores a cambio de contratos públicos, él opta por desviar la atención con una queja digna de un monólogo de comedia. ¿Corrupción? ¿Desvío de fondos? ¿Santos Cerdán, Koldo García y compañía en el ojo del huracán? Bah, detalles sin importancia. Lo verdaderamente urgente, parece, es que el presidente no ha tenido tiempo de zamparse un pincho de tortilla.

Hablemos claro: en un país donde la pobreza afecta a más de un cuarto de la población y donde las colas del hambre en las ONG no hacen más que crecer, la salida de Sánchez no es solo desafortunada, es insultante. Mientras él se lamenta por su estómago vacío en una rueda de prensa, hay familias que no pueden llenar la nevera ni con dos sueldos. Mientras él pide comprensión porque no ha comido, hay quienes no tienen ni para un bocadillo. Y mientras tanto, los escándalos de su partido sugieren que algunos de sus allegados han estado muy ocupados llenándose los bolsillos con el dinero de todos. Qué ironía, ¿no? El hambre aprieta, pero no para todos por igual.
No es la primera vez que Sánchez nos deleita con su capacidad para parecer ajeno a la realidad. Recordemos que este es el mismo líder que, en plena crisis económica, presume de un modelo de “éxito” económico y social desde foros internacionales, mientras en casa la gente se las ve y se las desea para llegar a fin de mes. El mismo que, según las redes sociales, se erige como defensor de la “democracia” mientras acusa a la oposición de montar una campaña de desprestigio. Porque, claro, la culpa de que el PSOE esté hasta el cuello en acusaciones de corrupción no es de ellos, sino de los “ultraderechistas” que se empeñan en señalar lo evidente.
En fin, Pedro, aquí va un consejo gratis: la próxima vez que quieras empatizar con el pueblo, prueba a hablar de sus problemas reales. Habla de las colas en los comedores sociales, de los jóvenes que no encuentran trabajo, de los autónomos que cierran porque no pueden más con los impuestos. Habla de cómo tu partido, que lleva años en el poder, sigue sin dar explicaciones claras sobre los escándalos que lo rodean. Pero, por favor, no nos vengas con que no has comido a las cinco. Porque, mientras tú buscas un tentempié, España tiene hambre de verdad. De pan, para que nadie pase necesidad; de patria, para que todos sintamos orgullo de un país que funcione; y de justicia, para que los que roban a manos llenas paguen por ello y no sigan riéndose en nuestra cara.
Cristina Pérez Gonzalez

Acertadísimo el artículo. Enhorabuena